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+ ¿Quién será la cabeza del Ministerio de Cultura?

58 medusa1.jpg[Vía Kolumna Okupa]


Por Rocío Silva Santisteban

Para no ser mezquinos en el mes de la patria, hay que reconocer al gobierno de Alan García, la creación del Ministerio de Cultura. Que es deficiente, que tiene errores, que no sabemos si es más burocracia: puede ser y puede no ser. El tema es que ahora, a partir de su implementación, estará sentada en el Consejo de Ministros una persona que debe reclamar por políticas concretas de apoyo a la cultura, a la promoción de las industrias culturales, a la difusión de las creaciones artísticas en todo el Perú y, sobre todo, a los diálogos interculturales que, además, no se pueden aislar en “lo cultural” puramente porque están atravesados de un gran componente político.

La independencia de la “cultura” de educación y turismo es un gran avance para re-pensar en nuestro país, no solo para promocionar actividades, sino para definir políticas educativas que contemplen precisamente la interculturalidad como marco para entendernos entre peruanos y peruanas. La lucha contra el racismo es, pues, una de las tareas de este ministerio.

Por eso mismo una de las grandes decisiones para este último año de gobierno será el primer ministro o ministra de cultura de nuestro país. Como señaló un editorial del diario El Comercio, necesitamos además de una persona públicamente comprometida con el tema, que sea un gestor, que sepa reunirse de profesionales y especialistas independientes exentos de intereses políticos partidarios. Personalmente considero que debe ser una persona que tenga iniciativa, que sepa sacarle provecho a la adversidad y que tenga la suficiente independencia para poder decir NO cuando sea necesario, dribleando las presiones clásicas a los que será sometido por el Ministerio de Economía. El nuevo ministro o ministra de cultura hereda del INC un aparato burocrático deficiente que, según las cabezas de los mismos en las diferentes provincias, ha funcionado de manera muy dispareja. En ciertos lugares del Perú el INC demuestra muñeca política, interés y sobre todo iniciativa para sacar adelante con poco dinero actividades y promoción, pero, en otros, es una marmota esperando el final de sus días. Además –lo he visto– algunos de sus burócratas son no solo ignorantes sino irrespetuosos con el valor cultural del “otro” aymara, quechua o nativo y solo lo usan para la fanfarria folklórica.

El actual ministro de cultura de Chile, Luciano Cruz-Coke, que es un gestor muy activo, ha señalado lo siguiente: “Los lugares en donde habita la cultura son museos, galerías, salas de exhibición, de cine, teatro o música a las que tiene acceso solo una élite”.

Es cierto, pero nosotros no deberíamos poner a una persona que piense de esa manera como ministro. En su queja hay un supuesto implícito: que solo “cierto tipo de manifestación cultural” es lo que él reconoce como tal. Ese es un error de enfoque grave que, en verdad, tira abajo las habilidades como gestor y promotor, porque reduce su mirada a las industrias culturales, a lo patrimonial o al ballet y la literatura, cuando en realidad lo que debemos fomentar no solo es llenar las salas vacías de los museos, sino palpar la cultura de la calle, la viva, que remece por sí sola las estructuras, y que de hecho “habita” en los barrios, en las comunidades, en los bailes.

El primer ministro o ministra de Cultura debe ser alguien que imponga una imagen de respeto. Deberá lidiar con las marmotas, con la escasez y con las presiones. Será un ministro histórico y no tendrá mucho tiempo.

+ Esta kolumna ha sido publicada en La República el domingo 1 de agosto de 2010.